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Posted by on Mar 9, 2016 in Notas | 0 comments

Mi experiencia en el Atlántico

Mi experiencia en el Atlántico

URUGUAY – 1 Marzo

DIA 1

En donde cada inspiración toma su rumbo…

En donde cada nota produce una nueva melodía…

En donde el sol hoy se ocultó, pero están los ojos del espíritu mirándome y yo estoy con ellos.

En donde estoy… no existe nada, solo el SER, el soñar despierta.

Porque si me duermo para soñar no tendré mis sentidos activos para la mágica creación del universo que me sostiene y sostengo en mi interior.

Uruguay siempre me transforma, me impulsa, me inspira a soñar en algo nuevo.

En aquel primero viaje en 2010 sentí tan vívidamente a Kryon que mi conciencia cambió para siempre respeto a ese ser tan indescriptible por su inmensidad.

La segunda vez que estuve en Uruguay en el año 2015 también tuve la oportunidad de elegir dar un paso para evolucionar en un área personal de mi vida. Y ahora me encuentro nuevamente viendo el mar que me inspira los mismos sueños de crecimiento interior y de evolución planetaria.

Y con esta nueva conciencia siembro las semillas que florecerán en el entramado de este espacio.

Una gran tierra de poetas y grandes artistas debe tener algo especial… Siento que quizá sea la estrella interdimensional que los está guiando. Los artistas son la célula viva de la sociedad y dejan una estela radiante en los corazones que se detienen a observarlas.

Y así concluimos nuestra primera parada en Uruguay. Sentí las olas de la conciencia elevarse para preparar el siguiente paso.

DIA 2 – Navegación

Navegamos por el Atlántico durante dos días.

Uno podría pensar en aburrirse, pero a decir verdad, pensar en ello es alimentar una parte de la mente vaga que deja de co-crear y abrir los caminos que el alma necesita.

Pregunté qué debía activar o en qué podía servir a mi amada tierra dentro de este viaje de descanso. El océano me respondió algo que no imaginaba…

Estábamos en el océano Atlántico y me mostraban a la La Atlántida y todo el tiempo venía a mi la palabra: Resurge, Resurge, Resurge.

Me mostraron el código que canalizó Leo, mi pareja, cuando estuvimos en tierras mayas en Junio-Julio del 2015. Es muy similar al que usa la medicina. Se llama ENERGIA CRISTICA.

Mi conciencia se abocó en activar esta clave y enviarla con la intención al mar. ¿Qué sucedió después?

Nubes grises anunciaron una tenue y suave purificación. Sentí que luego de purificar una capa, códigos cetáceos despertarían. Esperé a escuchar su llamado.

Activé la Clave Abundancia 1, LIMALIN. La extendí por todo el océano Atlántico desde mi conciencia.

Nos quedamos mirando el agua por un buen rato y Leo me dijo refiriéndose al océano: “Es hipnótico como cuando miras el fuego”

En ese momento recordé lo que había escrito sobre el fuego en las ceremonias lemurianas y le dije: “En Lemuria nosotros alimentábamos al fuego con la conciencia, éramos el viento que lo avivaba y este nos daba mensajes, era como un oráculo”

Me dijo, direccionando su mirada hacia el agua: “El agua también es un oráculo” Y sentí que algo despertaría respecto a eso más adelante.

DIA 3

Desde el momento que se presentaron las nubes grises desde el día anterior, no han dejado de asomarse. Cubren el cielo como un fondant en un pastel y nos hacen olvidar por un momento que el brillo sigue estando.

Una parte de la tierra queda sin sol cuando esta gira sobre su propio eje. Da una vuelta sagrada y una parte mira hacia la luz y otra le da sutilmente la espalda. Luego, la parte que estaba de frente al sol, se da la vuelta y aquella porción que estaba de espalda es iluminada. Y así continuamente, siempre habrá una parte en luz y otra en sombra.

Atravesamos la sombra de la navegación y todo se volvió gris por un momento. Solo debíamos esperar a que la energía gire de nuevo para sentir el amanecer ante nuestros ojos.

Y así es como sucede desde lo micro a lo macro y viceversa. Así como nosotros atravesamos cada ciertas horas pequeños ciclos de muerte y renacimiento (anochecer-amanecer) el universo entero lo está atravesando. Y el desafío de Dios en esta danza es no dormirse dentro del movimiento, sobre todo cuando se esta atravesando el ciclo de ausencia de luz.

Este pequeño tiempo de tormenta me hizo aprovechar el momento de introspección.

“Cuando el sol brilla todos salen a admirarlo. Pero cuando miras hacia afuera y no encuentras más que tinieblas, tienes que refugiarte en tu sol interior, aquel que siempre esta acompañándote y te hace saber que en realidad lo único verdadero es saberse HIJOS DEL GRAN SOL”

Sabía que este pequeño ciclo que nos regalaba el océano era parte de la purificación que estaba esbozando en su corazón la vida intraterrena. Y por supuesto que existe dentro del mar.

Cuando el océano estornuda limpia una capa más de su gran conciencia y hace que todos nosotros, quienes lo habitamos por un momento, también nos limpiemos.

Nos sentimos habitados y habitamos el espacio, y si no nos unimos a él y nos acoplamos al suave movimiento y oleaje, ofreceremos resistencia y el impulso terminará por taparnos.

El movimiento del océano movió el barco. El barco nos movió a nosotros, sus pasajeros. Y nuestro cuerpo también movilizó sus aguas, fue una suave sensación de limpieza.

Atravesamos olas de más de cinco metros de altura. Por fortuna no me descompuse, pero hubo mucha gente que si. Sus cuerpos se sintieron vulnerables al movimiento. Personalmente celebré y agradecí a las suaves olas de sanación.

Sentí al mar tocar el Tambor de Agua. Y es que el mar lo ejecuta todo el tiempo. Sus navegantes son como las notas que embellecen la bruma. Y las especies son el sin fin de melodías que no paran de sonar jamás. El concierto marítimo es transcendental. Si quieres conocer la sinfonía del universo no te vayas tan lejos, ve al mar y oye los cantos sagrados de los delfines, las ballenas, los peces de colores… Las algas son las sirenas que se mueven al compás de la vida acuática. Las medusas solo elevan la vibración de cada nota y son la respiración marítima por excelencia.

Después de un momento pensé en todo lo que el mar me había aportado en este viaje. Se estaba convirtiendo en el mejor compañero y yo flotaba en su suelo cristal. Me sentí su sirena.

“El mundo interior es un océano de posibilidades. Puedes naufragar perdido hacia alguna parte o poner una intención en tu co-creación y navegar profundo hacia rincones tan sagrados que no imaginas”

DIA 4 – Las alas del Cristo de Rio de Janeiro

Y así, la conciencia cristica extendió sus alas para volar en libertad. Y el cristo interno de cada persona proclamó su expansión eterna. Y voló en tantas dimensiones que las gaviotas también desaparecieron en ese crecimiento.

En Rio de Janeiro sentí y vi al cristo redentor con sus alas listas para volar de nuevo. Pero esta vez nacería desde el corazón de cada ser que eligiera despertar.

DIA 5 – Las aguas se agitaron de nuevo

Comenzó la purificación y el movimiento que nos habla dejado el océano días anteriores, pero esta vez el movimiento fue interno.

El agua en mí tardó en secarse, y en mi cuerpo se produjo una lluvia de emociones emergiendo. Una vez más, el estar en contacto con el agua, las canoas y la exuberante vegetación, similar a La Lemuria, hicieron estallar el océano interno que no cesó tan fácilmente. Estaba agitado, con tiempo de tormenta y purificando todo aquello que mi conciencia humana no podía procesar después de 13,000 años de historia.

Pues entonces dejé que el intenso refrío apagara su sed.

Luego entendí que mi cuerpo lloraba, una vez más, en otra dimensión, la fractura en la hermandad lemuriana y atlante.

Le di paso a la limpieza y con paciencia y conciencia busque la forma de ayudar en el proceso.

DIA 6 – Selva mágica

En medio de los morros selváticos recordé el ecosistema que nos había acompañado durante los casi 26,000 años que duró nuestra amada Lemuria. Recordé el Feng Shui de la Selva. Lo que para nosotros es nuestra casa en la actualidad, fue el habitat de un Lemuriano. Recordé lo que representaba para nosotros cada parte de la selva.

Las neblinas en la parte alta de los cerros adornan esos extremos para hacernos sentir cerca del cielo. El vapor que allí toma forma y se condesa libera suaves cascadas cristalinas que contornean nuestro cuerpo aúrico. Nuestros cuerpos… tan femeninos, salvajes y espontáneos.

Los ríos que surcan el camino de transformación constante. La fluidez que nunca descansa.

La playa y los lugares para las ceremonias, los oasis, nuestro lugar de descanso… Así, cada parte asume una identidad diferente, pero en conjunto co-crean el ecosistema de la vida.

Si pudiéramos volver a entrar en ese mundo que Gaia nos ha ofrecido por miles de años, alimentarlo con nuestra esencia y sentirnos alimentados, quizá avancemos un paso más en la evolución de esta nueva energía.

DIA 7 – El agua comenzó a calmarse

La noche anterior le pedí a mi cuerpo que terminara de llorar y vaciar todo aquello que faltaba. Y eso fue lo que hizo.

Parece fantástico, pero hablar con cada parte de ti misma-o puede brindarte resultados que pueden parecer milagrosos para la mayoría de la gente. Al día siguiente mejoré en un 80% del intenso resfrío. El cuerpo paró poco a poco de llorar y me sentí aliviada, plena en mi misma.

Agradecí a mi cuerpo por haber sido el medio para purificar capas tan sutiles y que vienen de antaño. Por primera vez en todo el viaje el cielo nos regaló una navegación suave haciendo juego con un cielo azul, despejado.

Llegaba la temporada en que todos salíamos a admirar al sol, a sentirnos guiados por esta maravillosa estrella que da luz a nuestro sistema y, a su vez, nos conecta con los otros.

Sentí que el océano estaba liberando las capas sumergidas durante miles de años. Códigos cetáceos navegaban por mi visión y pasaban tan rápidamente que no lograba registrar la inmensidad de su realeza. Al pasar por mi campo ya quedaban activos. Con esto supe que no debía preocuparme por registrar demasiado de manera consciente, puesto que en las capas multidimensionales las olas de la transformación ya estaban agitándose.

Es en ese espectral de tiempo donde se siembran las más mejores maravillas que despertarán cuando el tiempo de cosecha anuncie su llegada.

Finalmente me sentí a gusto con la sensación que el viaje me había impregnado.

Sentirse sumergida, de día y de noche, por la infinita ola del océano interior y exterior es gratificante para el alma.

DIA 8

Estábamos en la ruta de regreso a Buenos Aires, bordeando la costa del Atlántico. Me sentí plena por el descanso y plena por lo trabajado interior y exterior.

Solo me quedaba una cosa: Lanzar al océano el agua bendita de la Virgen de Lourdes que me dio Tere Bernard antes de embarcarme. Por alguna razón lo dejé para el final. Elegí el piso 7 del barco donde, en general, no transitaba nadie. Todo fue perfecto.

Así es. Esta hecho, hecho esta.

Con amor infinito,

María José Bayard

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